La electricidad es el fundamento de la vida

825La electricidad es el fundamento de la vida. Hace miles de años que la medicina china conoce la naturaleza eléctrica del cuerpo. Según ellos todas las enfermedades tienen su origen en bloqueos energéticos que ocurren en el cuerpo.
Es conocido que el cerebro y el corazón funcionan con impulsos eléctricos, que se miden, respectivamente, en los encefalogramas y en los electrocardiogramas, pero el funcionamiento de todo el organismo en su conjunto se basa en la electricidad. Todas las células se comunican mediante impulsos electromagnéticos, al ser el medio de comunicación más rápido. La señalización por reacciones químicas resultaría muy ineficiente teniendo en cuenta que la cantidad de información que una célula trasmite por segundo es tan grande que se necesitarían 100 años para leerla si se imprimiese.
Incluso los leucocitos, el tipo de glóbulos blancos más abundante del organismo, matan bacterias y hongos patógenos electrocutándolos.
El uso de la electricidad en medicina se remonta a la época romana, donde el médico Scribonius Largus en el 46 AC curaba el dolor de cabeza y la gota de sus pacientes ayudándose de un pez que emitía descargas eléctricas. Los peces eléctricos como la anguila se han venido utilizando de forma intermitente en medicina hasta el año 1745, en el que fueron sustituidos por electricidad artificial, la cual permitía controlar la intensidad de forma más precisa. En el siglo XIX la bioelectricidad (electricidad de baja intensidad aplicada al organismo) era un tratamiento rutinario en medicina, hasta que en el siglo XX la industria farmacéutica eliminó de un plumazo todas las terapias que no se apoyaban en el uso de medicamentos.
La aplicación de microcorrientes se siguió utilizando hasta la actualidad en la industria alimentaria para destruir patógenos, dado que las grandes multinacionales farmacéuticas no se veían amenazadas por este sector.
El conocido ingeniero electrónico de origen ruso Georges Lakhovsky inventó en 1935 un oscilador de onda múltiple con el que eliminó numerosas patologías en humanos, animales e incluso plantas. En los años 60 el físico Robert Beck retomó el trabajo de Lakhovsky, que culminó con la creación de un pequeño dispositivo que emitía microcorrientes. Según Beck, el rango de frecuencias de múltiples longitudes de onda de su dispositivo permite que cada célula encuentre su única frecuencia resonante, y se regenere al absorber energía de la longitud de onda que le es propia.
Independientemente de Lakhovsky, en USA el Dr. Raymond Rife ideó un dispositivo bioeléctrico que fue empleado en varias clínicas en el tratamiento de pacientes terminales de cáncer de 1934 a 1938, año en que llegó a oídos de la Asociación Médica Americana, la cual destrozó el programa por entero en seis meses y llevó a Rife a juicio.
La aplicación de microcorrientes se lleva usando mucho tiempo en el caso de mordeduras de serpiente, puesto que la electricidad neutraliza instantáneamente la toxicidad del veneno.
Más recientemente, las investigaciones realizadas in vitro en 1990 en el Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York reportaron que el uso de microcorrientes (50-100 microamperios, equivalente a la corriente que emite un marcapasos) inhabilitaba una enzima crucial para la reproducción del virus del Sida. Por supuesto, los medios de comunicación no se hicieron eco de este descubrimiento susceptible de salvar la vida de miles de personas a un coste prácticamente despreciable.
Se ha comprobado que la electricidad promueve la curación de fracturas en los huesos y estimula su crecimiento. En un experimento científico se aplicaron microcorrientes a una muestra de sangre. El análisis bajo microscopio reveló que permanecía viva muchos días después de que la sangre no tratada hubiera muerto.
Hace poco tiempo apareció un artículo en la prestigiosa revista “Physics Today” que explicaba como campos eléctricos de baja intensidad ralentizaban el crecimiento de ciertos cánceres. Se constató que campos eléctricos, lo suficientemente pequeños para no provocar aumento de temperatura, pueden inhibir la progresión del cáncer, debido a factores que conciernen la división celular.